
Bucólico y pastoril, flamante día en los campos, paseando el palmito por las sendas fortuitas que llevan a todos lados. La maravilla del paisaje, la tranquilidad de las verdes florestas, ungirse de pureza, de parsimonia y templanza, de volubilidad y emociones dispares. Cantando alegres canciones como cuando chiquito, que en filas indias y cogidos de la mano, nos adentrábamos con las pequeñas mochilas en las oscuras pinedas y hacíamos de las excursiones, el recuerdo tierno de la libertad que entraña la funda-mentalidad básica de la naturaleza.
Voluntades postergadas para el momento oportuno, armas guardadas en los zulos, prestas a ser usadas cuando el tiempo convenga, ahora no es momento de dar guerra, ahora el espíritu reclama su descanso para campear con mayor fuerza la perentoria de los errados discursos de las otras causas humanas. Me templo, me rehago en emociones curativas para olvidar las luchas continuas en un ente social algo esquizofrénico, algo que a veces, parece se nos da bien encontrar, uno no lo busca, pero está así dispuesto, al parecer por el cuento del Karma, que hay que admitirlo, y se admite, y se sale victorioso; se llega al límite de la contención, pero se sabe contener, mucha fuerza ligadora emerge de mi profunda psiquis, antes de soltar la rabia y acabar donde no se ha de acabar, donde las leyes dictan freno a los desmanes. Está bien, atempero mis pasos al polvo del camino, sabiendo que las circunstancias cambiantes de todos los destinos, son mutaciones simples del paso del tiempo, gris de algunos días pero que se puede tornar bucólico y placentero cuando el alma quiere, poder fausto del uso del ánimo, buena gestión del templo de los recuerdos y del temple de ese otro interior belicoso, lo hay para todos los gustos, y yo me quedo con los buenos.
Voluntades postergadas para el momento oportuno, armas guardadas en los zulos, prestas a ser usadas cuando el tiempo convenga, ahora no es momento de dar guerra, ahora el espíritu reclama su descanso para campear con mayor fuerza la perentoria de los errados discursos de las otras causas humanas. Me templo, me rehago en emociones curativas para olvidar las luchas continuas en un ente social algo esquizofrénico, algo que a veces, parece se nos da bien encontrar, uno no lo busca, pero está así dispuesto, al parecer por el cuento del Karma, que hay que admitirlo, y se admite, y se sale victorioso; se llega al límite de la contención, pero se sabe contener, mucha fuerza ligadora emerge de mi profunda psiquis, antes de soltar la rabia y acabar donde no se ha de acabar, donde las leyes dictan freno a los desmanes. Está bien, atempero mis pasos al polvo del camino, sabiendo que las circunstancias cambiantes de todos los destinos, son mutaciones simples del paso del tiempo, gris de algunos días pero que se puede tornar bucólico y placentero cuando el alma quiere, poder fausto del uso del ánimo, buena gestión del templo de los recuerdos y del temple de ese otro interior belicoso, lo hay para todos los gustos, y yo me quedo con los buenos.









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