lunes 18 de mayo de 2009

-- por el morro --


Ahora que tengo que estar viendo y padeciendo el efecto directo de quien se cree que va por el mundo haciendo lo que le da la real gana (es tan solo una pequeña parte del grey, por suerte, pero con un par al día ya irritan lo suficiente al asunto), me doy cuenta de la cantidad de gente que se cree que tiene todos los números de la rifa para creer que pueden hacer lo que les salga de sus intimidades, gracias a un no se que haber nacido entre "bordados",(normalmente son unos muertos de hambre), y los que nos "debemos" a su particular manera de manejarse en sociedad tenemos que tragarnos todas sus puñeteras bordadas manías. La madre que los trajo y el padre también claro, porque fueron los que en su momento les dieron educación, valores y maneras de comportarse, que seguro no estuvieron del todo acertadas. Se hacen los despistados y ponen cara de lelos, sobre todo cuando van con su inadecuadamente también educados vástagos, inocentes criaturas pero que cuesta aguantar como a sus poco reputados padres, efectos sucesivos generacionales de no dar bien con las reglas más básicas del buen comportamiento en público. Mamelucos impresentables que han de ser aguantados ya que es su manera de apreciar las cosas, -yo hago y tu aguantas-, pero yo también lo tengo claro, -tu haces pero yo te lo echo en cara- y si sigues con la tontería acabamos discutiendo en prosa y en verso si es lo que realmente interesa, que para entrar en cualquier establecimiento a realizar una simple compra, no ha de parecer esa cosa tan básica una demostración insulsa de hacer de una triste vida propia como... ¿superior?, y la de los elementos puestos al servicio de ese trueque primario y natural un efecto radicalmente desnivelado; no se si se dan cuenta pero acaban aborrecidos de corazón por los que no tienen ganas de sufrir sus lamentables faltas de convivencia.

Y es que tienen un morro que se lo pisan, por carecer de la vergüenza ajena que hace darse cuenta que se hace el ridículo, y los que son más propensos a darse cuenta, por educación, hasta que la cosa puede ser que explote, que todo tiene un límite y a mi me cuesta poco traspasarlo, no les dicen en sus caras de gilipuertas que dejen de hacer el payaso y de tocar los cojones.

Yo también soy cliente en otras ocasiones por supuesto, y entro en los locales, saludo, me comporto como también se saben comportar mis vástagos educados, que los niños son míos y soy yo el que les tiene que poner orden, no los que no tienen nada que ver conmigo, así me tratan bien, me sonríen y yo sonrío y la vida es plácida para mi y para los que tengo en ese momento que tratar, con lo bonito que es eso, ¿no?; por eso no entiendo la altivez de esos pobres idiotas que van por la vida por el morro (normalmente son los que menos gastan y más se quejan) y se creen que les tienen que poner la alfombra, aguantar todas sus patéticas puestas en escena y encima decirles con educación -"muchas gracias", ¡¡ berzotas !!, ¡¡ muchas gracias por largaros !!, vosotros y vuestros mal criados cuervos; y es que hay gente con morro que para mi, en su triste e inadecuada vida, no dan con el rumbo sano, sino que deambulan con la barbilla en alto porque si la bajan se les ve bien las puñeteras mermas que tienen en la frente, normalmente siempre desvían la mirada, y así no se les ve bien el triste mundo que en su interior pulula.

1 comentarios:

Elisabeth dijo...

pasa por mi blog de premios

besitossss