Ayer, en la radio, en mi iglú móvil o sea mi furgo, mi pequeña casa rodante, ya que no puedo volver cada día a la fija al mediodía, tanto gasto de combustible no va bien, ni para mi bolsillo ni para el resto del mundo, aparcado en un lugar apacible de esa pequeña ciudad llamada Girona, que es muy mona ¡¡ si no hubieran tantos coches !!, el mío también pero llego, lo aparco lejos del centro, entre plátanos, no los que se comen sino esos grandes árboles que nos inseminan su polen en primavera, que cae como copos de nieve, que irritan la nariz pero da gusto, al menos me siento inseminado por algo natural, no por la asquerosa polución y los olores fétidos de la ciudad que a lo lejos discurre, y me voy a pata a donde sea; pues como noticia una interesante, en la que el señor Norman Foster gran arquitecto galardonado con el premio Príncipe de Asturias de las Artes, ofrece una visión diferente hacia el posible futuro ciudadano, una ciudad sostenible, un lugar en el que los avances de la tecnología y la sostenibilidad de las energías alternativas, junto a crear un transporte público en detrimento del privado, que para qué coger el coche hasta para ir al lavabo, ofrece una nueva visión futurista hacia un lugar donde se acumula tanto ser vivo, el de dos patas, una manera inteligente y genial de poder vivir en compañía de muchos, entre tranquilidad y bonitas bambalinas, ya que hay que salir a escena en este teatro de marionetas que es la vida, al menos que sea en bonitos decorados. Pues olé su arte, y que exista gente así, que sabe y hace de su saber un algo bueno para el resto, que somos muchos que sabemos lo que queremos, pero nuestra genialidad no llega a tanto y espera que los geniales, de una puta vez pongan cosas buenas en practica y nos dejemos de joder, los unos a los otros.
Es que dan asco las ciudades, esta donde tengo que desplazarme cada día no tanto, pero hay parte de ella que lo da, no es tan grande, pero las grandes de verdad son una asquerosa porquería, un inmundo y abigarrado va i ven de vehículos a motor entre sucios y tristes edificios mal construidos, que dejan en el ser un vacío y un estresante cólico mental por no vivir entre seres humanos, mas bien, entre la locura mecánica que infecta la calle, que tapona los oídos y nos destruye el aparato olfativo con sus repugnantes olores.
Yo vivo al lado del campo, soy un animal campestre, amo la naturaleza y disfruto con la naturaleza, y como no tengo remedio me tengo que meter en la miseria ciudadana cada día, llego allí con el coche, necesario en según que ocasiones, pero luego aparcado lejos y que no moleste mucho, y lo veo de otra manera, no me gusta la ciudad pero la tengo que aguantar, así que los que allí viven y moran de continuo tendrían que ser liberados de una vez del influjo maldito del ente social estúpido y aborregado que hace las cosas sin pensar, que se creen que con el automóvil (engendro maldito y bendito a la vez), se ha de ir a todos lados, que poniendo más verde y menos asfalto y hormigón, todo sería mas bonito, que hasta los niños al ver un conejo pensarían que no crece en las carnicerías, sino que es un animal que está vivo y vive en lo natural, que la paz se consigue en contacto con la verde campiña y no en contacto con el botón del semáforo peatonal para que se ponga en verde y podamos de una puta vez atravesar esa calle infectada de peligrosos coches. Que el río lleva agua, no vehículos a motor, que si levantas la cabeza se ve el cielo no el smog..., bueno tantas cosas que podrían ser mejor, pero no se quieren hacer así, y es que somos masocas, desgraciados, dementes..., a la vista está.
Es que dan asco las ciudades, esta donde tengo que desplazarme cada día no tanto, pero hay parte de ella que lo da, no es tan grande, pero las grandes de verdad son una asquerosa porquería, un inmundo y abigarrado va i ven de vehículos a motor entre sucios y tristes edificios mal construidos, que dejan en el ser un vacío y un estresante cólico mental por no vivir entre seres humanos, mas bien, entre la locura mecánica que infecta la calle, que tapona los oídos y nos destruye el aparato olfativo con sus repugnantes olores.
Yo vivo al lado del campo, soy un animal campestre, amo la naturaleza y disfruto con la naturaleza, y como no tengo remedio me tengo que meter en la miseria ciudadana cada día, llego allí con el coche, necesario en según que ocasiones, pero luego aparcado lejos y que no moleste mucho, y lo veo de otra manera, no me gusta la ciudad pero la tengo que aguantar, así que los que allí viven y moran de continuo tendrían que ser liberados de una vez del influjo maldito del ente social estúpido y aborregado que hace las cosas sin pensar, que se creen que con el automóvil (engendro maldito y bendito a la vez), se ha de ir a todos lados, que poniendo más verde y menos asfalto y hormigón, todo sería mas bonito, que hasta los niños al ver un conejo pensarían que no crece en las carnicerías, sino que es un animal que está vivo y vive en lo natural, que la paz se consigue en contacto con la verde campiña y no en contacto con el botón del semáforo peatonal para que se ponga en verde y podamos de una puta vez atravesar esa calle infectada de peligrosos coches. Que el río lleva agua, no vehículos a motor, que si levantas la cabeza se ve el cielo no el smog..., bueno tantas cosas que podrían ser mejor, pero no se quieren hacer así, y es que somos masocas, desgraciados, dementes..., a la vista está.









2 comentarios:
Murcia donde vivo yo es una ciudad muy pequeña al lado de madrid o de otras como la tuya grandes y me encanta vivir aqui pq no hay el estress q hay en estas grandes ciudades
besitossss
Es que la ciudad tal como se autoconstruye sin ton ni son no es para vivir, bueno si porque se vive en ella, pero de que manera.
Un abrazo
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