
Leo y me cabreo, que se está dando un alto porcentaje de adolescentes y no tanto, niños entre doce y diecisiete años, algunos incluso mas pequeños que tienen necesidad de tratamiento, sicológico y aún peor psiquiátrico. En el que se cuestiona si muchos medicamentos para la depresión, o creados para la "recuperación" de trastornos de la conducta, están indicados en sus componentes químicos, para ser administrados a este tipo de pacientes, -¡¡ niños !!-, -¿y se preguntan si están indicados?-, no y rotundamente no. Yo no soy un experto en psicología, ni psiquiatría, y quien se pregunta si es eso posible, a lo mejor si que tiene poder para su actuación, por lo que significa siempre titulación en los temas, pero por mi parte y como padre, en el que veo en primera persona actitudes de muchos adolescentes, del entorno familiar, la verdad que no entiendo como a un crío, en vez de palabras, cariño, respeto y sobretodo hacerle ver una tolerancia a sus irremediables satisfacciones rápidas, el hacerles ver que no es oro todo lo que reluce, con eso basta (ya se que hay casos difíciles, pero que metan a los padres a psicoanalizarse y no a los hijos); que cogiendo y viendo que mi hijo o hija se convierten en una especie de rebelde sin causa, (¡¡ que todos lo fuimos en tiempos pasados, o no, o es que eramos eremitas, rezones y con cara de borricos !!), y llevándoles al maravilloso despacho del entendido en químicas varias, en vez de buena conducta les demos mierda en frascos, para que se acostumbren a ello. Caballeros, ¡¡ es lo mismo que ponerles un porro en la boca, o una raya de coca; para lo que significa droga, lo mismo recetada que comprada en el mercado negro.
Ansiedades, faltas de coordinación, insatisfacción, desmotivación, ¡¡bueeennooo!!, y -¿todo proviene del elemento en cuestión?- el sujeto, el niño, el adolescente; vaya, y metiéndolo en el mundo del doctor honoris pastilla, le sacamos de todas y todas sus tribulaciones, en un mundo que no les deja otra opción por las maravillas sociales anuladoras del individuo, en las que en según que lugares geográficos se suele vivir como quien vive en la selva, como Tarzán rodeado de animales furiosos, o sea el mundo del estres irremediable y de la factura que se paga por ello en ciertas masas ciudadanas cargadas de todo, menos de buena vida.
Yo fui un adolescente bastante díscolo, pero en aquellos tiempos en que el doctor pastillas no existía, mi padre tenia un buen remedio, me daba un par de hostias de vez en cuando y se me curaban todos los males. La verdad que yo no lo iba a denunciar por malos tratos (eso que nadie lo confunda ¡¡eh!!, que dos galletas no es ninguna manera de maltrato, el maltrato real es otra cosa); que nunca he tenido que poner en práctica en mi entorno y con mis adolescentes, ya que la palabra bien dicha y el ejemplo bien dispuesto, y un poco de libertad en las acciones del chico o chica, nunca vienen mal. Hay padres que por un par de copas en un sábado por la noche ya los meten en el cura-pupas, y se creen que en vez de un hijo, tienen a un degenerado. He visto padres en estas situaciones, esos pobres que ven un mundo cargado de represiones, rutinas y todos los males juntos, volver locos a sus hijos, que los veo cada día, están que se salen por todos lados y van a reventar de los nervios a cada instante pagándolo con los críos. No les dan tortas a sus niños, pero indirectamente el ejemplo que dan es peor que las hostias.
Bueno que se le va a hacer, las gentes tienen en su entorno, sus preocupaciones, sus miedos, sus maneras particulares de apreciar el hecho de lo que significa una conducta anormal, pero a veces esas conductas no son tan anormales, y si se les intenta comprender, y darles el tiempo necesario (que muchos adultos parece que hoy en día ya no tienen), el crío entiende, y si se sabe llegar a su manera de apreciar las cosas (distorsionada la mayoría de las veces por ese adulto adulterado), comprenden y saben ver el mundo de otra manera. Lo siento pero yo siempre estaré en contra de que la pastilla cura, y si cura la pastilla, cura el porro, la coca, el alcohol, el tabaco o lo que sea, que todo son drogas.

No se trata de enseñarles que la vida, si no viene como se quiere, se tienen que evadir con el consumo de sustancias varias para comprender lo que no se quiere, tontería máxima de mendrugos atrasados. Sino comprender el por qué no se consigue ser feliz con lo que no se tiene, y hacer ver que no hace falta tener tanto para ser feliz, que muchos de esos padres codiciosos en los que la codicia les rompe el saco y ofrecen una triste visión al crío perdido en tantos delirios de grandeza. Que no se de tanto y si se da se comprenda que todo tiene un valor para su obtención y que el maná, como en los cuentos bíblicos, no cae del cielo. Si no les enseñamos el mecanismo que se desencadena al ofrecer siempre un gusto al disgusto desde que se es pequeño, se enseña que la satisfacción en esta vida es continua, y que cuando algo no sale bien, paf, pataleta y rabietas a punta pala. Pero -¿quien es el que cría a los cuervos desde que son polluelos?.-. Salud mental social y parental, y no pastillas para los nenes. Que si se sigue así esos cuervos se van a hartar de sacar muchos ojos.
Ansiedades, faltas de coordinación, insatisfacción, desmotivación, ¡¡bueeennooo!!, y -¿todo proviene del elemento en cuestión?- el sujeto, el niño, el adolescente; vaya, y metiéndolo en el mundo del doctor honoris pastilla, le sacamos de todas y todas sus tribulaciones, en un mundo que no les deja otra opción por las maravillas sociales anuladoras del individuo, en las que en según que lugares geográficos se suele vivir como quien vive en la selva, como Tarzán rodeado de animales furiosos, o sea el mundo del estres irremediable y de la factura que se paga por ello en ciertas masas ciudadanas cargadas de todo, menos de buena vida.
Yo fui un adolescente bastante díscolo, pero en aquellos tiempos en que el doctor pastillas no existía, mi padre tenia un buen remedio, me daba un par de hostias de vez en cuando y se me curaban todos los males. La verdad que yo no lo iba a denunciar por malos tratos (eso que nadie lo confunda ¡¡eh!!, que dos galletas no es ninguna manera de maltrato, el maltrato real es otra cosa); que nunca he tenido que poner en práctica en mi entorno y con mis adolescentes, ya que la palabra bien dicha y el ejemplo bien dispuesto, y un poco de libertad en las acciones del chico o chica, nunca vienen mal. Hay padres que por un par de copas en un sábado por la noche ya los meten en el cura-pupas, y se creen que en vez de un hijo, tienen a un degenerado. He visto padres en estas situaciones, esos pobres que ven un mundo cargado de represiones, rutinas y todos los males juntos, volver locos a sus hijos, que los veo cada día, están que se salen por todos lados y van a reventar de los nervios a cada instante pagándolo con los críos. No les dan tortas a sus niños, pero indirectamente el ejemplo que dan es peor que las hostias.
Bueno que se le va a hacer, las gentes tienen en su entorno, sus preocupaciones, sus miedos, sus maneras particulares de apreciar el hecho de lo que significa una conducta anormal, pero a veces esas conductas no son tan anormales, y si se les intenta comprender, y darles el tiempo necesario (que muchos adultos parece que hoy en día ya no tienen), el crío entiende, y si se sabe llegar a su manera de apreciar las cosas (distorsionada la mayoría de las veces por ese adulto adulterado), comprenden y saben ver el mundo de otra manera. Lo siento pero yo siempre estaré en contra de que la pastilla cura, y si cura la pastilla, cura el porro, la coca, el alcohol, el tabaco o lo que sea, que todo son drogas.

No se trata de enseñarles que la vida, si no viene como se quiere, se tienen que evadir con el consumo de sustancias varias para comprender lo que no se quiere, tontería máxima de mendrugos atrasados. Sino comprender el por qué no se consigue ser feliz con lo que no se tiene, y hacer ver que no hace falta tener tanto para ser feliz, que muchos de esos padres codiciosos en los que la codicia les rompe el saco y ofrecen una triste visión al crío perdido en tantos delirios de grandeza. Que no se de tanto y si se da se comprenda que todo tiene un valor para su obtención y que el maná, como en los cuentos bíblicos, no cae del cielo. Si no les enseñamos el mecanismo que se desencadena al ofrecer siempre un gusto al disgusto desde que se es pequeño, se enseña que la satisfacción en esta vida es continua, y que cuando algo no sale bien, paf, pataleta y rabietas a punta pala. Pero -¿quien es el que cría a los cuervos desde que son polluelos?.-. Salud mental social y parental, y no pastillas para los nenes. Que si se sigue así esos cuervos se van a hartar de sacar muchos ojos.




6 comentarios:
Una entrada muy interesante. Cuando yo era pequeña, mis tonterias se acababa pronto, un buen bofetón a tiempo y ya andaba yo espabilada.
Hoy no se puede hacer eso. No es que esté a favor de una torta bien dada a tiempo, pienso que hay otras formas, pero tampoco es para tanto y lo digo yo que mi madre me dio unas cuantas jajaja y yo a mi madre la adoro, la respeto y jamás le hablaría como veo que niñatos/as le hablan a sus padres.
Vivimos en un mundo raro que no tiene nada que ver con el mundo en el que viví cuando era pequeña, y no estoy hablando de hace mucho. Yo tengo 28 años y a los de mi generación nos trataron de la misma forma.
Hoy en día muchos padres se despreocupan de la educación de los hijos. Los dos trabajan y dejan a sus hijos a su aire. Luego si hacen algo malo no los regañan con la excusa de que como pasan poco tiempo con ellos no es plan de regañarlos.
Cuando estos niños se hacen mayores, no tienen ningún tipo de conducta aprendida y piensan que pueden hacer lo que les de la gana porque jamás han sido regañados.
Es ahora cuando los padres se molestan porque sus hijos les hablan mal o les tratan mal y ahora ya no hay remedio.
Y lo que comentas de las pastillas, otro tanto, muchos niños que desde pequeños han estado solos, no conocen otra cosa y hay niños fuertes que lo superan y otros que caen en la depresión. Cada vez hay más casos de estos últimos.
Yo no estoy a favor de esos tratamientos. Los niños necesitan la figura de al menos uno de los padres para educarse en un ambiente familiar.
Besitos y perdón por el rollo
Tengo una amiga a cuyo hijo se le diagnosticó deficit de atención y por supuesto le pusieron en tratamiento. Ahora han descubierto que las clases de música hacen el mismo efecto pq su cerebro fabrica más dopamina, que era de lo que se trataba.
Lo del par de "hostias" o como se escriba, nunca fue, es, ni será el remedio.
Creo que a los niños primero hay que desearlos, luego enseñarles que en casa tendrán amor incondicional, prestarles atención, que es de lo que más carecen actualmente y enseñarles que existen límites.
Aunque al final todos fuimos adolescentes que querían experimentar con lo que el mundo ofrecía y por supuesto, a todos les llega la primera borrachera y el primer coqueteo con las drogas. El problema es si se enganchan con esto en vez de con la vida.
El problema de tantos adolescentes, y adultos, en tratamiento psiquiátrico es la falta de recursos emocionales.
Vaya, creo que me he excedido hoy...
Besonrisas.
Interesante entrada...
Desde mi punto de vista, existe un exceso de medicación provocada (como no), por el tema económico que aparece anexo a los medicamentos...
Un saludo.
Encantado en que os alarguéis con los comentarios, y más estar de acuerdo con estas situaciones lamentables, en las que algunos pobres críos se encuentran. Que razón de que faltan refuerzos emocionales y también lo del negocio que genera las empresas farmaceúticas. Lo de estar solos, no entiendo como hay padres que anteponen sus trabajos o lo que sea antes que el cuidado de sus hijos. Yo llevo cuidando a mi hija desde que tenía dos años y medio, siempre he intentado estar el mas tiempo posible con ella, hasta he dejado muchos trabajos por esta causa, de ahí mi rondar tantas empresas diferentes, por haber querido tener tiempo para mi hija, y que ella estubiera bien, nunca a echado a faltar nada, creo yo. Cuando era pequeña, siempre se quedaba alguna amiga a dormir y he llegado a tener hasta cuatro niñas en casa. No me daban la lata y ellas mientras se lo pasaran bien, yo contento con ello. Ahora ya mayores siguen igual los fines de semana normalmente se quedan dos amigas y casi siempre se van por ahí de fiesta. Si tiene algún problema, que los hay, que no todo son rosas, hablamos e intentamos solucionarlo de la mejor manera, pero en mi vida me plantearía llevarla a un psiquiatra (si no es por fuerza mayor) porque yo no he sido buen padre. Nunca le he puesto una mano encima y ni lo pienso hacer. Las palabras justas y con autoridad, no hace falta desesperarse y ponerse a su nivel. Uno es el padre y tiene que ejercer de ello. Sino lo que tu dices Sonia, para que leches tener hijos si no los vamos a cuidar.
Bueno he contado algo más, un abrazo.
ser padre es una responsabilidad barbara corregir a los hijos si pero los padres necesitamos tanto que aprender y se aprende de la vida misma y del dicernimiento hay que ensenar a un nino yo tambien estoy en contra de las pastillas tome durante un buen tiempo pastillas para depresion y no es grato asi que de mi misma salio no tomarlas mas un beso y buenas noches despe.
Bien hecho. Las pastillas no curan el carácter, lo camuflan, es como ir todo el dia con una máscara, esperando al ansiado elemento químico que te saque del agobio. Eso no es curar, creo que es mas bien disimular una realidad que bien entendida puede ser superada. El ánimo y la voluntad para hacerla fuerte hay que atacarla con buenos consejos y buenos ejemplos humanos, y no con la moda de hoy en dia que todo sufrimiento hay que eliminarlo de la manera que sea y rápidamente. Todo rápido, muy rápido, que no hay tiempo para nada, así le damos mas confusión al que no la necesita. Que bonito cuando se hace ver que todo tiene mas valor, cuando menos importancia le damos. Hasta a veces es bueno bajar a los avismos para comprender mejor la vida. Que el sufrir de vez en cuando no es malo, sino algo que ocurre y tiene su tiempo y si se quiere se deja de sufrir, cuando -- ¡¡sin quimica, leches!! -- nos damos cuenta que no sirve para nada. No hay mal que cien años dure, pero hay que sentirlo, no camuflarlo. Un gran abrazo despe.
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