En nuestro MANDALA, como receptáculo de los dioses en el que están relacionados todos los estados sicológicos.
Representamos de una manera especial el drama mismo de nuestra ALMA. Volcamos en el MANDALA los fantasmas de nuestro yo profundo, así los reconocemos y nos libramos de ellos. Nos confía el secreto de las cosas y de nosotros mismos.
Se trata de una meditación, no de un ritual; que a partir de este soporte iconográfico, encontraremos el MANDALA, en nuestro propio cuerpo. Nuestro universo TÁNTRICO ha de constituirse por una interminable serie de analogías, homologaciones y simetrías, es posible establecer a partir de cualquier nivel, comunicaciones místicas con los otros, para reducirlas finalmente a una unidad y dominarlas.
Representamos de una manera especial el drama mismo de nuestra ALMA. Volcamos en el MANDALA los fantasmas de nuestro yo profundo, así los reconocemos y nos libramos de ellos. Nos confía el secreto de las cosas y de nosotros mismos.
Se trata de una meditación, no de un ritual; que a partir de este soporte iconográfico, encontraremos el MANDALA, en nuestro propio cuerpo. Nuestro universo TÁNTRICO ha de constituirse por una interminable serie de analogías, homologaciones y simetrías, es posible establecer a partir de cualquier nivel, comunicaciones místicas con los otros, para reducirlas finalmente a una unidad y dominarlas.
El mandala como una imagen del mundo,
donde brilla la luz,
de la recuperada CONCIENCIA.
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donde brilla la luz,
de la recuperada CONCIENCIA.
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